Promesa que llegan de amigos que serán

No hay nada más vulnerable que un “hola” vestido sólo con una mirada abierta a acoger la respuesta del otro. Me resulta ilusionante pensar que ese “hola” pueda ser el preludio de una nueva amistad.

Hay ocasiones en las que la magia surge.

Siento un agradecimiento infinito ante la sensación de poder estar delante de alguien que aún no me conoce del todo, a la que aún no conozco del todo sintiendo que podremos acogernos descalzas y sin maquillaje. Si lo conseguimos, seremos una razón más la una para la otra para seguir yendo a por la vida, una razón de esperanza envuelta con cuidado en un compromiso recíproco.

A veces no sale. No siempre es el momento y el lugar adecuados. No siempre van a crecer nuestros sueños trenzados a la vez. No siempre y no todos pueden querer asomarse al fondo de nuestra mirada. A veces hay que dejarse ir. Cuando uno siente que su vulnerabilidad ya no está a salvo con el otro, cuando la llamada de uno se difumina perdida en el silencio yermo de quien ya no quiere estar. Entonces habrá que despedirse, tal vez para volver a encontrarse o tal vez para haber quedado como un encuentro que fue.

A veces sí sale. Ah! Y qué regalo de la vida encontrar personas con las que jugar a ir desenredando el ovillo. Y va descendiendo poco a poco la madeja como por una calle empedrada de un pueblo del norte que nos lleva por fin a la fuente del pueblo. Al centro. A ti. Y la lana a veces es de un color o de otro, a veces hay nudos que hay que desenredar juntos. En ocasiones hay cabos que quedaron sueltos y solo las manos de un amigo que nos quiere pueden ayudarnos a volver a unirlos y transitar por ellos. El calor del tiempo sólo nos da más sentido. Se suceden relatos de emociones compartidas, miedos sin fe que encuentran en la mirada esperanzada del amigo un asidero a un futuro que sólo así puede tener cabida. Risas nuevas que puntada a puntada van tejiendo los retales de lo que se quedó por el camino.

Hay veces que casi tengo prisa. Me gustaría asomarme al otro lado del tiempo para saber si salió bien. Conocer que acabamos significando la una en la vida de la otra.

No será posible. No hay una última página que vaya a salvarme de tener que vivir lo que vaya a suceder. Sólo me queda seguir dispuesta a que las almas se cojan de la mano. Lista para acoger lo que tenga que llegar con la ilusión gigantesca de quien se sabe afortunado por haber encontrado el eco de un mundo que quiere conocer.

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