Por los abrazos que volverán

Seis semanas desde nuestro siguiente comienzo. He ido aprendiendo a ajustar las velas en los días de tormenta, aunque reconozco que, en alguno, quedé desarbolada. Mecida y a la deriva.

Me faltaban más respuestas. Especialmente, para los días a la deriva. Así que hice lo que suele funcionar. Esperar, esperar y ver. Esperar y escuchar. Esperarme y escucharme. Porque no estaba, no está, siendo fácil. Y me costaba entender el porqué de una pena honda, de un enfado a veces sordo. Hasta que he entendido que lo que oía en mi voz y en muchas otras de mi alrededor era el tránsito por el duelo.

Un ciclo descrito magistralmente por Elizabeth Kubler Ross y David Kessler.

David Kessler acaba de publicar la segunda parte del libro para añadirle una sexta etapa al modelo. Él la ha definido como “La búsqueda del sentido”. Se refiere al sentido que le damos cada uno de nosotros a la perdida que sufrimos.

No creo que la pandemia tenga un sentido para el mundo o la vida. Tampoco, que sea un castigo divino que haya llegado a limpiar los vicios humanos que creemos haber escondido dentro de la cartera, en el armario en el que se guardan las americanas de traje y los zapatos de tacón.

Pero sí que cada uno puede decidir qué hacer con el nuevo martes o miércoles. Qué sentido encontrar para estos días que a veces parecen confundirse.

Marc Brackett ha escrito un libro maravilloso, Permissión to feel queriendo invitarnos a poner nombre a las emociones que estamos sintiendo. Buscando que, como primer paso, nos permitamos sentir lo que sentimos.

Porque sí, muchos estamos de duelo. Lo cuenta Esther Perel en esta maravillosa segunda entrevista con Tim Ferris.

Hemos perdido el lunes sin haberle rendido nunca su merecido homenaje. Teníamos el lujo de la continuidad y se nos rompió. Y eso genera incertidumbre, sensación de pérdida, vulnerabilidad, miedo, angustia. Nos despedimos de las semanas en las que el calendario nos va hablando de bodas, viajes, citas y cenas que no serán.

Al mismo tiempo, como si alguien estuviera recogiendo y doblando el decorado para guardarlo en un cajón va apareciendo, entre bambalinas, lo que importa. Nos llegan llamadas de personas que no esperábamos. Nos buscamos más. Empezamos casi todas las conversaciones con un “¿cómo estás?” y por primera vez, nos quedamos a escuchar la respuesta. Nos importa el otro.

No sabemos lo que quedará de nuestra obra de teatro cuando salgamos a saludar. Cuando abandonemos la caverna entrecerrando los ojos cegados por el sol de ¿junio? tras habernos despedido con las nubes de marzo.

Sólo he estado segura de una cosa. El primer día lo ocuparé en llenarlo de los abrazos que ahora solo viajan entre emoticonos.

Sonrío pensando en esos rebeldes que los aceptarán.

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