Are people doing the best they can?

¿Crees que la gente hace las cosas lo mejor que puede?

¿La gente hace las cosas lo mejor que puede?

Esta pregunta es clave en el libro Rising Strong de Brené Brown. Brené es la capitana de mis superhéroes así que disfruto leyendo y releyendo cualquiera de sus seis libros imprescindibles.

Me planteo la pregunta y pruebo a hacer mi experimento particular. Pregunto entre compañeros, amigos y familiares. “¿Crees que la gente hace las cosas lo mejor que puede?”

La respuesta más común ha sido “¡Qué dices! La gente es vaga de narices, nadie hace las cosas lo mejor que puede”.

Pero ¿y si…?

¿Qué pasaría si pudiéramos saber a ciencia cierta que sí, que las personas hacemos las cosas lo mejor que podemos?

Pensemos en aquella persona del equipo o en ese familiar o en esa persona que cada día vemos en el metro, que nos resulta tremendamente irritante, maleducada incluso o poco trabajadora o francamente cortante en sus respuestas. ¿Qué supondría asumir que esa persona está haciendo las cosas lo mejor que puede?

De pronto ya no tengo que juzgarla, no tengo que plantearme si lo que hace es o no el máximo. Se deshacen los “debería”. Ahora la exigencia y el control ya no tienen sentido. Y yo puedo tomar decisiones. Puedo establecer, respetando la libertad del otro y la mía, lo que es aceptable para mí y lo que no.

Entender que el otro está realizando sus mejores elecciones no significa que yo deba aceptar o tolerar un comportamiento que vaya contra mis límites. Si es alguien de mi equipo y decididamente no funciona, puedo optar por buscar con él otro tipo de herramientas o por asumir que este no es su lugar y dejarle ir. Ya no tengo que seguir mirándole a través de las gafas del juicio, del rechazo o del hastío.

La reflexión de Brené Brown me resulta liberadora: “Todo lo que sé es que mi vida es mejor cuando pienso que las personas están haciendo las cosas lo mejor que pueden. Me aleja de realizar juicios y me permite concentrarme en lo que es y no en lo que debería o podría ser.”

De pronto puedo bajarme de los altísimos tacones a los que me sube mi ego y dejar mi armadura de sabelotodo descansando cara la pared. Tengo mis limitaciones y el otro también, pero vivo cada día intentando entregar mi mejor versión. ¿Por qué asumir que no es exactamente eso lo que hace cada persona con la que me cruzo?

Hay días que en los que el esfuerzo luce, me peina y reluzco con colores brillantes. Y otros tantos en los que no. En uno de esos días, alguien podría mirarme desde lo alto de su escalera, juzgar y etiquetar y eso sólo nos estaría convirtiendo en dos gigantes patosos que se alejan. ¿Qué sabrás de mí para juzgarme? ¿Quién serás tú para creer que conoces toda mi historia?

Me gusto más los días en los que estoy descalza, ofrezco una mirada limpia, sincera, cálida y liviana a la vez. Sonrío y desde ahí doy un salto de fe.

Yo sí creo.

We are all doing the best we can.

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