
La primera taza de café caliente
Siempre llega. Vuelve septiembre, al que seguirá octubre, y empieza algún día de frío en el que apetece dejar de poner hielo al café y tomarlo caliente. Nuestra suerte es que lo más probable en nuestra vida es que vuelva el día.
A veces, en medio del calor, la humedad y los mosquitos, el cuerpo solo puede pensar que ya siempre estaremos así. El calor puede ser la peor tutora del mundo, un jefe espantoso del siglo XIX o una hernia discal. Todo pasa. Llega septiembre. Vuelve a apetecer el café caliente. Te lo prometo. Qué no se te olvide ir a por él.
