
¿Cómo vamos a sobreponernos al ruido atronador que nos llega de cualquier parte del planeta si ni siquiera conseguimos acordarnos de lo que íbamos a buscar a la cocina? En el mejor momento de la humanidad en Occidente, en el mejor hoy, cuando es posible ser mujer y decidir tu destino; nacer niño y poder llegar al mundo adulto armado con la mejor educación, llegar con un zurrón de capacidades distintas y tener un espacio digno en la sociedad, ser hombre y amar a otro, pudiendo gritarlo a los cuatro vientos, en el mejor amanecer de la humanidad conquistado en defensa de la igualdad y la libertad, está de moda verlo todo con gafas de sol.
En un ahora en el que es posible elegir el sentido de la vida, acoger el significado heredado u optar por otro va, y está de moda el pesimismo. Olvidando contar el relato de aquellos que todos los días no son noticia por ir a dar lo mejor de sí mismos en el siguiente minuto. Obviando a todos aquellos hombres y mujeres que hoy ayudarán a otros a evitar la piel de plátano. Sin querer ver la suerte que supone que cualquiera de nosotros tendrá a su alcance más libros de los que jamás tuvieron Sócrates, Platón y Aristóteles juntos. No permitir perecer espachurrado y sin esperanza es ahora más difícil que cuando las noticias solo nos llegaban del pueblo de al lado.
Tendremos que aprender a respirar el olor de las piezas sin encajar. Estamos aquí y ahora, y es nuestra condición de posibilidad la que nos permite tomar la decisión de qué hacer con ellas. Al final del día, cuando se confunde la hora más oscura con la primera del alba, en medio de un sueño solo poblado por camiones de la basura, ojalá nos demos permiso para encontrar un hueco entre los interrogantes que nos sirva de bastón para continuar. Ojalá se cuele una sonrisa de agradecimiento, al del camión y a nosotros mismos. No hay mayor sentido que ser aquí y ahora. Le debemos a un mañana que aún puede ser mejor el testigo de habernos dejado hasta la última gota de sudor en sacarnos adelante. En el mejor de los casos, el futuro tardará dos generaciones en olvidar que un día fuimos. Es ahora el momento de vivir un tiempo que puede ser preludio. Mientras suenan las últimas notas, decidamos que estamos solo al final de la obertura. Depende de nosotros el siguiente movimiento. Está por escribir. Hagámoslo encendiendo la luz de ser orgullosos pobladores del presente.
