
A ti, que cortaste en trocitos la libreta en la que ponía «aquí las cosas siempre se han hecho así». A ti que siempre tienes una pregunta en la cartera. A ti que hablas como vives. A ti que entiendes que la excelencia solo puede llegar de la mano del error. A ti que te ilusiona explicar que la curiosidad solo puede encontrarse después de las verdades descartadas. A ti que te diviertes construyendo nuevos significados con el otro. A ti que disfrutas izando las velas con un para qué en todo lo que haces.
A ti que exiges que haya una misión. A ti que te importan los valores escritos en una pared. A ti que no te da miedo proponer volver a encontrar los que hoy tengan sentido. A ti que pides que nuestros líderes sean ejemplares. A ti que entiendes que eso es una decisión diaria, constante e ineludible. A ti que dudas. A ti que no te rindes. A ti que te resistes a que te pongan etiquetas. A ti que sonríes sabiendo que la seguridad no compra el precio de tu libertad. A ti que nos llevarás más allá. A ti que no confundes la igualdad de oportunidades con la ciencia de los resultados. A ti que exiges que te hablen sin azúcar. A ti que a veces serás incómoda, inconformista y retadora a cambio de ser valiente, fuerte y libre. A ti para quien no siempre tendremos una respuesta que valga. A ti con quien iremos a buscarla. A ti que no te importa emocionarte porque la vida va de vivirla.
A ti que sabes que nos jugamos el punto que toca jugar ahora y el siguiente ya llegará. A ti que no quieres caber en un cajón con nombre de colectivo. A ti que entiendes que hay que jugársela defendiendo hoy los colores. A ti que aspiras a que cada uno tenga el espacio para poder ser lo que quieras ser. A ti que te resistes, te ilusionas y vuelves a empezar. A ti que no estás dispuesta a entregar la desesperanza a cambio de rendirte. A ti que te ensucias en la arena y desprecias la asepsia pulcra de la grada. A ti.
Bienvenida. Te estábamos esperando.
