Esto no va solo de mujeres

Con Cristina y Guillermo, dos bellas personas de las que aprendo cada día, cambiando el mundo en nuestra modesta escala.

En el Día Internacional de la Mujer, el protagonismo tiene que ser esencialmente compartido. Esto no trata solo de mujeres ni se construye solo con mujeres. Mientras el esqueleto queda al descubierto en la tramoya que algunos hombres, y no todos, contribuyeron a construir, algunas mujeres, y no todas, disfrutamos de todos los roles que hemos venido a ejercer. Estamos aquí para quererlo todo sin tener que atravesar techos de cristal ni regalar el tiempo en reuniones sin órdenes del día. Preferimos el postre en sábado y los puros en las bodas. Queremos la americana de traje, las mallas del gimnasio, el libro y el biberón. O no. Queremos poder querer lo que queramos. Nuestro tiempo es para elegir vivir cerca de lo que huele y duele, y al mismo tiempo elaborar las prognosis más brillantes; con una mano diseñamos, programamos, imaginamos y, por supuesto, discutimos, y con la otra revisamos la mochila para el colegio de mañana o tocamos la batería y vamos con tacones o en zapatillas.

En este tiempo y en estos cambios, ha sido indispensable, reconfortante y la mejor de las fiestas encontrar aliados y embajadores en algunos hombres que no son todos, pero sí muchos, que sospechan que lo importante no es tener las respuestas, sino hallar juntos los interrogantes que nos valgan. Que quieren entrar en casa mientras nosotras revisamos el último informe. Que saben el nombre de la pediatra y nos animan a desempeñar el papel protagonista en nuestra vida. Tiene que asustar que en los últimos cinco minutos de la historia hayamos cambiado las definiciones de siempre. Algunos hombres se han quedado sin alfombra, y sin embargo, así son y aquí están otros tantos enarbolando una bandera que no cabe en un anuncio de «busco a Jacq’s».

Gracias a todos los que dejan la corona en el suelo, a los que tienden la mano, escuchan y trabajan codo con codo en tiempos de cólera para ir recogiendo la mezcla bituminosa de lo que ya no sirve. Y así vamos cosiendo oportunidades distintas que no tienen que ver tanto con poner una «x» en medio de los artículos como con permanecer en silencio y que nuestra voz resuene fuerte y poderosa en la risa y en la batalla, al lado de la de nuestro compañero, mientras se reconoce nuestro asiento en la mesa de las decisiones.

Gracias por atreveros. El mayor lujo es siempre compartido y sin cada uno de vosotros no sería posible. Un abrazo a nuestros hombres, bienvenidos a los que se unirán y felicidades a todas.

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